Habéis escuchado, alguna sola vez en nuestra vida, la voz de la naturaleza?
Personalmente yo sí, y es la música más perfecta que jamás he escuchado.
Por mi vida laboral tuve que pasar varios meses trabajando en La Peña de Francia. Lo que significaba que vivía dentro del hotel en el que trabajaba, y junto al cual se encontraba un monasterio. Yo por aquel entonces no tenía ni coche ni carnet, así que me vi obligada a pasar cinco días a la semana, mínimo, en aquel entorno, pues el pueblo más cercano estaba a varios kilómetros, y por su puesto no se podía ir y volver en el día a pie. El hecho es que esta situación me obligó a pasar muchas de mis horas libres “paseando” (más bien, haciendo la cabra, que por allí abundaban por lo abrupto del terreno) por los alrededores. Y también pasé muchas de mis horas sentada encima de una piedra, surcando el horizonte, observando a los animales, y por supuesto deleitándome con la música natural.
Imaginaos en pleno verano, una brisa fresca que te acaricia la cara, cierras los ojos para que el Sol no te deslumbre, echas la cabeza hacia atrás, te relajas...y comienza el espectáculo. La sinfonía absolutamente acorde de las aves, el viento, los animalillos que no vemos, el zumbido de los insectos, el crujir de las ramas secas...y todo aderezado con un magnífico condimento de olores...¡absolutamente perfecto! ¿se puede pedir más? Pues sí...cuando llega la noche. Los olores cambian, los sonidos también...y si llueve...eso es el acabose!!!! Pero si rizamos el rizo, no hay mejor espectáculo que una buena noche de tormenta. El horizonte completamente negro, y como focos, los mejores relámpagos jamás trazados, como música de fondo unos truenos espectaculares que hacen temblar al más valiente. Los pelos se te erizan. Parece que una pareja de ogros gigantes tuviesen una tremenda discusión. Los intervalos entre uno y otro son largos, pero cada vez menores, hasta que parece que el mismísimo cielo se va a caer en mil pedazos...Completamente ensordecedor. ¡Sublime!
Pero todo tiene un fin, incluso los mejores espectáculos, y este no iba a ser menos. Todo acaba con unas lágrimas muy finas. Se baja el telón. Se hace el SILENCIO. The End.
Cuando sales del teatro, no puedes ni pensar, ni hablar, todavía te retumba la cabeza, sigues recordando las sensaciones provocadas por tremenda maravilla. Buff, inexplicable!! Vayan a ver la obra, aunque sea una sola vez. Querrán repetir, estoy segura.
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